BIOGRAFÍA

Orientada en familia hacia los estudios artísticos, Sor María pronto revela su talento para la música y la pintura. A los doce años, en el colegio de las Hijas de María Auxiliadora, recién llegadas a su ciudad, empieza a conocer a don Bosco: congenia inmediatamente con la figura del gran apóstol de la juventud, en quien encuentra la encarnación de los ideales que vibran en su espíritu, primero de manera genérica y vaga, y luego cada vez más claramente y con mayor capacidad de entusiasmarla.

Hace su opción: Hija de María Auxiliadora (1923), y en el nombre de esta su Madre y «su Reina» – como ama invocarla – realiza una incansable actividad apostólica, dando vida a grandiosas obras sociales, especialmente en Costa Rica, a donde es enviada en 1931.

Con viva sensibilidad evangélica y eclesial, conquista para su misión apostólica a las jóvenes alumnas que se vuelven «misioneras» (misioneritas, las llama Sor María) en los pueblitos de los alrededores de la Capital, entre niños semi abandonados y familias desheredadas. Luego, también adultos, empresarios adinerados y renombrados profesionales quedan conquistados por su devoción mariana, que obtiene gracias estrepitosas, y se sienten por lo tanto comprometidos a colaborar efectivamente a las iniciativas asistenciales que Sor María, bajo la acción del Espíritu, va proyectando continuamente con la audacia de la más auténtica fe en la Providencia.

Sor María sueña para sus pobres siempre nuevas soluciones a las urgencias apremiantes: obtiene primero visitas médicas gratuitas, gracias a la acción voluntaria de médicos especialistas, y con la colaboración de industriales del lugar organiza cursos de formación profesional para jóvenes y mujeres que en la pobreza hubieran encontrado una pésima consejera. En esta forma logra dar vida en poco tiempo a un ambulatorio múltiple, con varias especialidades, para asegurar la asistencia médico-farmacéutica a muchas personas y familias privadas de toda garantía social. Al mismo tiempo crea cerca instalaciones adecuadas para Ia acogida de los pacientes – a veces familias enteras – como también salas para la catequesis y la alfabetización en los momentos de espera, además la capilla y un gracioso jardín, y hasta el balcón con los canarios.

Para las familias sin techo, reducidas con frecuencia a una vida precaria bajo los puentes de la periferia, hace construir – siempre con la ayuda de una sorprendente Providencia – «verdaderas» casitas, en las cuales limpidez y propiedad, junto con los colores de un pequeñísimo jardín, tienen la función pedagógica de recuperar personas amargadas, restituir dignidad a vidas envilecidas por el abandono, abriendo los corazones a horizontes de verdad, de esperanza y de nueva capacidad de inserción social. Surgen así las ciudadelas de María Auxiliadora: una obra que continúa todavía, debido al interés de sus colaboradores a través de la Asociación de laicos Asayne (Asociación de Ayuda a los Necesitados).

En medio del sucederse de obras para organizar, y de una peculiar actividad suya como consejera espiritual (cada día horas y horas de intensos coloquios privados, las llamadas consultas) encuentra espacio y momentos de ardientes elevaciones del espíritu y de una profunda vida mística, que es en realidad la fuente de la fuerza interior de donde su apostolado brota y recibe extraordinaria eficacia.

Su ideal: amar profundamente a Jesús, «su Rey», y difundir su devoción junto a la de su divina Madre. Su íntima alegría es la posibilidad de acercar a la verdad evangélica a los niños, a los pobres, a los que sufren, a los marginados. La más ambicionada recompensa a sus sacrificios es la de ver reflorecer la paz y la fe en una vida «perdida».

Haciéndose como el Apóstol, «toda para todos» y olvidándose de sí para conquistar cada vez nuevos amigos a su Jesús, se entrega hasta el último de sus días: el primero en el que decidió darse un poco de descanso. La esperaba allí el descanso eterno, con «su Rey» y «su Reina».

Era el 7 de julio de 1977.La fama de su santidad se expresa en el lamento general de sus asistidos y de sus colaboradores; y por obra de éstos, en el continuo reflorecimiento de las obras fundadas por ella.

Fue beatificada el 14 de abril de 2002 por S.S. Juan Pablo I

MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN

Un milagro nació con María Solís Quirós, el 28 de noviembre de 1994. Hace seis años y cuatro meses, después de numerosos diagnósticos médicos, estaba previsto que el tercer hijo del matrimonio Solís Quirós viniera al mundo con labio leporino. Claudia Quirós Feoli, la mamá de María, supo del problema en su sétimo mes de embarazo. El ginecólogo le advirtió que la malformación congénita era tan grave que había la posibilidad que el bebé naciera sin paladar.

La inmediata reacción de Quirós Feoli a la noticia fue contárselo a su marido, el abogado Álex Solís Fallas, quien impartía clases en la Universidad de Costa Rica (UCR). Ese día la pareja decidió que lo querrían de todas maneras y la trataría igual que a sus otros hijos. También se propusieron hacer todo lo que estuviera a su alcance económico para que la niña fuera normal. Los últimos meses del embarazo consultaron a numerosos médicos del país y del extranjero.

Incluso enviaron vídeos de los ultrasonidos al Children Hospital, de Dallas -Texas-, que cuenta con especialistas para ese tipo de mal. Paralelamente a las pruebas médicas surgieron los rezos entre la familia y sus amistades. Quirós Feoli dijo que por consejo de su mamá visitó la iglesia de María Auxiliadora y les contó a las religiosas su historia. Desde entonces, empezó a rogar a sor María Romero, quien había sido amiga y profesora de su madre, que intercediera ante Jesús Sacramentado y la Virgen Santísima. Esas oraciones se multiplicaron entre parientes y familiares dispersos por todo el país.

En medio de una cadena de oraciones nació María Solís Quirós… los 11 médicos que estaban en la sala de partos enmudecieron cuando descubrieron a una criatura impecable… ¡Un milagro!.